viernes, agosto 04, 2017

Aquí llamando

Por Miriam Badillo 

En sus orígenes este blog estaba pensado para escribir en él sobre cuestiones sociales, comunales, gregarias  o como Dios o el Diablo sepan. Desde luego, se trataba de hablar sobre mis impresiones sobre política, cultura, sociedad y blablabla. La verdad es que desde hace mucho he perdido las ganas de hablar de política (ahora cada vez que lo intento no me salen las palabras a causa de las nauseas) y los temas más sociales también se me han ido escapando. Noto que lo que he hecho aquí es más bien escribir de los espectáculos públicos a los que acudo, sobre todo a los que ocurren en las salas de cine o del cine en la sala de mi casa. He visto muchas películas como siempre. Eso sí, he tratado de volver a mis buenos hábitos de cineclubista/cinedeartista, pero caigo con frecuencia en las  pelis palomeras que más bien son ruido de fondo cuando uno quiere acompañamiento durante labores cotidianas obligatorias. He acudido a otros espectáculos públicos también: conciertos, teatro, ópera, ballet. Ahora sólo diré que el inclasificable Per te ha sido uno de los más bellos que haya presenciado nunca. De los demás obtuve maravillosas experiencias estéticas y espirituales, pero sobre todo la convicción de que la gente cada vez es más estúpida y grosera, que no sabe comportarse, que no respeta las normas de cortesía mínima y que es una masa adicta al telefonito. Muchos corajes pasados en esos recintos tan maravillosos como Bellas Artes o la Sala Nezahualcoyotl. En fin... 

martes, noviembre 17, 2015

El Principito, la película

Por Miriam Badillo

Desde el año pasado empecé a tener noticias de esta película, ahora que por fin se estrenó debo confesar que sentí algo de temor, tenía la sensación de que podría decepcionarme con mucha facilidad. Las escenas que vi como anticipo me indicaron que no se trataba de una representación exacta del texto de Saint-Exupéry, eso me provocó aún más curiosidad y expectativa, ¿qué habrán hecho con este hermoso libro? ¿cómo abordaron una historia que tanta gente ama? me preguntaba. Con todo esto en mi cabeza fui al cine el día del estreno y vi la versión en francés. No me decepcionó. La película inicia con toda la fuerza del texto y sus imágenes, con eso tuve para introducirme por completo en la pantalla. La historia paralela trata de interpretar (enmarcar si se quiere) el texto y dar lecciones algo obvias a partir de él. Para muchos se trata de meros lugares comunes que hemos visto muchas otras veces: una vida automatizada, desprovista de brillo, la vida gris de los adultos que sólo piensan en cumplir con obligaciones y se olvidan de vivir con imaginación y espontaneidad, que confunden lo que es esencial con lo que no lo es, que olvidan... Todo esto puede ser un lugar común cuando lo vemos cada año en muchas películas de Hollywood, sin embargo, cuando proviene directamente de El Principito, no es lugar común, es una verdad profunda, hermosa y conmovedora, ese es el gran acierto de la película y son las partes que más hondamente me llegaron. Esas partes tomadas con exactitud del texto de Saint-Exupéry son tan poderosas que bastan para colmar (incluso desbordar) la película y hacerla inolvidable. Eso es lo que hace la gran literatura. La historia paralela no trata de competir de ninguna manera con El Principito, simplemente quiere rendirle un homenaje, más o menos logrado, pero homenaje al fin y se agradece. Creo que otra gran virtud de esta cinta es que quien no haya leído el libro querrá hacerlo. Me encantó el personaje del aviador, un guiño muy bello hacia el autor, al piloto que se perdió en la inmensidad y con el que podemos rencontrarnos, no sin algo de melancolía. 

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viernes, abril 24, 2015

Sólo los amantes sobreviven

Por Miriam Badillo



Hace mucho que no escribo sobre películas, a pesar de que he visto varias, muchas,  en los últimos tiempos. Sin embargo, no podía dejar de escribir sobre ésta. La recuerdo como un sueño muy bello. Quien la realizó, creo, posee un alma igualmente bella. La vi en un cine casi vacío que quedo aún más vacío hacía la mitad de la película. No me sorprende: largas escenas, diálogos pausados en voces bajas. Nada para lo que el cine comercial y la cultura de la velocidad haya querido educarnos. Sólo ocurre "algo" rumbo al final de la película, algo que habrá de precipitar la caída de los dos seres angelicales y refinados que protagonizan el sueño. Yo, lo digo sin pretensión, sí estoy educada para contemplar y escuchar (puedo poner el teléfono en silencio y olvidarme de él sin ninguna ansiedad). Me senté pues ahí y contemplé y escuché. Contemplé los desplazamientos nocturnos de dos enamorados solitarios, serenos, por un Detroit decadente, fantasmal y poético. Dos almas viejas y artísticas que contemplan las edades del mundo, su degradación evidente, su perdida de profundidad. Dos ermitaños que aman al universo y al mundo en silencio y con algo de fatiga, que aman y custodian la belleza. La música contribuye enormemente a sostener el sueño. De Jim Jarmusch vi "Hombre muerto" hace mucho mucho, supongo que la veré nuevamente. 

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lunes, febrero 03, 2014

Pelis

Por Miriam Badillo

DVD, Netflix y pantalla grande han sido los soportes de mis escapadas cinematográficas de las últimas semanas. Afortunadamente, no soy crítica de cine y puedo simplemente dejarme seducir por algunas o tomar lo que me guste de las que no lo hagan. Las que lo han logrado: "This must be the place", sin duda una de las que más me han conmovido últimamente, profunda, hermosa llena de matices y texturas. "Blue jasmine", encantadora,  Cate Blanchett, sublime. Cuando Woodi está inspirado nos regala joyas. "V de venganza", con todo y lo que he leído después sobre la novela gráfica y las diferencias entre l@s director@s de la película y el autor, me encantó la provocación, la oscuridad, la melancolía. Ya decía yo, cuando la vi sin saber su origen, que pertenecía a ese mundo poético del cómic. De las que no me conquistaron, pero de las que tomo algo: "Gravity", nos recuerda que este mundo es menos que una pelusa en el universo, que estamos conectados a él; me gustó, al principio, saber que no eran super héroes sino astronautas que hacen esas cosas realmente...luego ya no pude creer nada. "Manhattan", divertida claro, los temas de Allen, sus obsesiones; qué fácilmente cambian de parecer en materia amorosa sus personajes."Everything you always wanted  to know about sex but were afraid to ask", la tenía pendiente hace mucho, me reí mucho también. "American psycho", otro de los pendientes. Hace años que leí un artículo sobre algunos autores jóvenes, genios de la generación X, Bret Easton Ellis estaba incluido por supuesto. No he leído el libro, ni creo hacerlo. La película me gustó por Christian Bale principalmente. Retrato estético de los años noventa. 
De esto quería hablar hoy. 



sábado, septiembre 21, 2013

Festín de Tour de Cinèma Francais

Por Miriam Badillo

Por diferentes razones me fue imposible asistir a la primera semana del Tour. Decidí entonces lanzarme a un par de programas dobles, linda idea tuve. Martes: Dans la maison y Les saveurs du palais. Tal como ha ocurrido en los últimos años de fidelidad al Tour, recibí un par de historias que intentan, que proponen, que dicen. En la primera, reflexión sobre temas que interesan al cine francés (según he observado): las relaciones oscuras entre la ficción y la realidad, el arte moderno, las frustraciones inconfesadas, lo frágil de la normalidad de la vida estable, el misterio del amor, el placer, la amistad, las obsesiones truculentas y más íntimas. En la segunda, rescate entrañable de un trozo de biografía: madame Hortense Laborie (Danièle Mazet-Delpeuch, nombre real), quien presidió por un par de años la cocina privada de Francois Miterrand. Viaje a los sabores de  la tradición (que son los de la infancia) de la vida, dulces, amargos, salados. Miércoles: Populaire y Alceste à bicyclette. La primera, comedia romántica cuya ubicación y contexto dejan un gusto de originalidad y brillo: años 50, competencias feroces de mecanografía....La segunda, urdidumbre inteligentísima entre ficción, realidad, juego de cajas chinas: dos actores ensayan, en la intimidad de una vieja casa en l'île de Ré, Le misanthrope  de Molière, pero a la vez, la película misma es una suerte de versión de la obra y nos muestra toda la potencia y actualidad de la pièce del gran comedien y dramaturge del siglo XVII ("...que el mundo fue y será un porquería, ya lo sé, en el quinietos seis y en el dos mil también.." canta Discepolo en voz de Gardel). Gran filme.
Linda semana de cine.

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viernes, julio 26, 2013

Cosas cosas...

Por Miriam Badillo

Mis ratos de ocio se han visto ocupados por un par de series: Los Tudor y Mad Men. Eso de tener las temporadas a la mano es demasiado peligroso. Lo primero que saco en claro de ambas, situadas (entre ellas) en épocas por demás distantes, no es nada nuevo: la terrible situación de las mujeres en el mundo. Doblegas, dominadas, usadas. Nunca lo he perdido de vista, sin embargo, estas series lo plantean con tanta claridad que no puedo dejar de señalarlo. Desde luego, ambas tienen otras virtudes que lo mantienen a uno pegado a la pantalla de cuanto dispositivo sea capaz de reproducir Netflix. Me encanta la pasarela de seres humanos imperfectos de Mad Men, no hay manera de identificar villanos. De Los Tudor me impacta que los guapos actores se desempeñen tan bien. 
Siguiendo el hilo de mi dispersión, debo señalar que me apena mucho que haya tanta gente que no conozca los placeres de la actividad física, del movimiento del propio cuerpo. Sentir el esfuerzo, las sensaciones del cansancio que cuando se remonta no quiere decir gran cosa. 
En fin, todo y nada por estos días.


viernes, junio 07, 2013

Elevador

Por Miriam Badillo




Recuerdo que durante algún tiempo, en mi adolescencia, pasaba con frecuencia delante del multifamiliar Miguel Alemán. La primera vez me agarró desprevenida: me asustó el monstruo, me rebasó ese tamaño, ese exceso. Por aquella época empezaba a leer a Borges y la visión del complejo habitacional me recordó lo que sentí cuando intenté leer  “El inmortal”. Digo que lo intenté porque no pude hacerlo la primera vez, también me rebasó. Lo retomé tiempo después y entonces pude con su grandeza.
Esta película me trajo estos recuerdos y me mostró el interior del monstruo de mi adolescencia, sus arterias: la vida fluyendo en sus elevadores. Las vidas minúsculas de sus habitantes, como es la vida de todos, profunda, como es la vida de todos, aunque  a veces ni siquiera lo sepamos.
Al concentrarse en lo pequeño en realidad la cámara se concentra en lo grande, las conversaciones sencillas de todos los días en las que se reproduce nuestra educación sentimental, social, política y las grandes verdades. Los dolores de todos los días, las alegrías, la vida que no para. Aunque para los elevadoristas sí para, se congela ante su mirada, la pueden tocar en el corto viaje entre piso y piso. La pueden oler, la pueden escuchar. No sólo las vidas ajenas sino las propias, estar consigo mismos: lidiar con el tedio, pensar en su futuro, en su pasado, rememorar, leer, escribir, pintar, ser dueños de su tiempo, ganar su libertad en un ámbito diminuto y a la vez inmenso, bailar. Sí, bailar en el medio de la noche, en un pasillo solitario sólo por el placer de sentirse vivo, de estar vivo.   
El destino del monstruo, sueño de la modernidad que seguimos sin ver concretada, parece incierto. Su andar es dificultoso, su respiración entrecortada, pero la vida dentro de él fluye. No sabía  nada de esto cuando apartaba la mirada siempre que pasaba frente a él.
     
Elevador
de Adrián Ortiz Maciel
México, 2012
 

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